J Balvin brindó un concierto inolvidable

Solo basta observar los enormes buses que recorren las calles de Los Ángeles, pintados con la imagen de J Balvin, o ver estampado el dinosaurio que identifica el álbum Vibras en las vitrinas de las tiendas de moda del famoso corredor Rodeo Drive, para dimensionar los logros del músico paisa.

Esa ciudad fue, el pasado fin de semana, la segunda escala de Vibras Tour, la gira de J Balvin de 28 conciertos por diferentes ciudades de Estados Unidos. El sitio elegido fue The Forum, tal vez uno de los centros de espectáculos más representativos en California, donde Metallica, Madonna, Rolling Stones, Iron Maiden, Green Day y Guns n’ Roses han presentado sus espectáculos. Allí fueron dos fechas, dos llenos completos, casi 30.000 personas entre sábado y domingo. Cifras que hablan de que la música de Balvin hace rato trascendió las fronteras latinas.

Como preámbulo al primer show de esa escala, el artista recibió un cuadro adornado con su foto como reconocimiento por llegar al billón de reproducciones del álbum Vibras en la plataforma Apple Store, un dato que reafirma s su poder en la industria.

Balvin sacó tiempo antes de salir al escenario para saludar a algunos invitados y representantes de los patrocinadores.

A todos, aunque con premura, les estrechó la mano y algunos más cercanos a sus afectos los abrazó, compartió unas cortas palabras y les agradeció que lo estuvieran acompañando en una fecha tan especial. “Esto apenas está comenzando, solo llevo el 0.001 % de mis sueños”, expresó antes de meterse de nuevo a su camerino.

Al escenario salió al trote, sobre las 9:00 p.m., rodeado de su equipo más cercano, mientras que el público lo llamaba con ansiedad. La espera terminó, vestido con un enterizo de color rosa. Sin preámbulos, sin saludos ni ceremonias previas comenzó a cantar la canción Machika, en medio de la emoción de las 12.000 personas que esa noche estaban en The Forum.

A partir de ese momento comenzó un derroche de energía y buenas vibras que se extendieron durante 96 minutos. La imagen de un enorme dinosaurio digital, que muchos de los asistentes aún siguen creyendo que era un robot gigante, acompañó el concierto de Balvin en sus interpretaciones. Cada canción venía acompañada de un elemento sorpresivo: bailarines, banda en vivo, ascensores en la tarima, luces y un sonido impecable, con un despliegue técnico pocas veces visto en Colombia.

Uno de los momentos más llamativos fue cuando en medio de una presentación de los bailarines, J Balvin apareció, sin que nadie lo esperara y se diera cuenta, al otro extremo del recinto, en otra tarima a la que subió a bailar a una joven asistente a la que le pudo la ansiedad y el miedo y se quedó petrificada, mientras el artista le cantaba cara a cara.

Allí mismo compartió canción con la joven española Rosalía, con quien interpretó el tema Brillo.

Luego fueron apareciendo en medio de la danza, el brillo de las luces y el fuego, canciones como No es justo, Safari, Ahí vamos y Sensualidad, que el público no paró de cantar y bailar.

Entre los asistentes, sobresalían colombianos y puertorriqueños, estaban presentes figuras del mundo del entretenimiento como el exboxeador mexicano Óscar de la Hoya y Manolo González-Ripoll, el hijo de la actriz Sofía Vergara.

Balvin, que se vio cómodo y tranquilo en la tarima y que constantemente preguntó “¿cómo está la vibra de mi gente de Los Ángeles”, se despidió en medio de la ovación del público, que comenzó a corear su nombre.

Corriendo, tal y como entró al escenario, abandonó la tarima y retornó a su camerino. Allí no tardó más de cinco minutos y salió a saludar nuevamente a sus amigos y algunos periodistas que lo esperaban después del éxtasis de un show que confirmó definitivamente que J Balvin es hoy uno de los artistas más reconocidos, no solo del género urbano, sino del mundo.

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